LA SANTA IGLESIA CATOLICA

DIOCESIS ANGLICANA DEL CARIBE Y LA NUEVA GRANADA.

                           

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Se ha abierto esta sección para promover seriamente el ministerio de la mujer en la Iglesia y así dar respuestas contundentes en los temas principales de liturgia, pastoral y misión como alternativa para la mujer en América Hispanoparlante y España. 

LAS MUJERES QUE AYUDARON A PABLO : EL MINISTERIO DE LA MUJER EN LA IGLESIA

 

                    DIACONOS-MUJERES-DIACONISAS
 
El apóstol San Pablo fue un hombre de visión, un excelente maestro, en su tiempo correspondía al nivel de Doctorado en Estudios Eclesiásticos, de hecho sus estudios de perfeccionamiento teologico-religioso lo obtuvo bajo la dirección del famoso Rabino Gamaliel ( Hechos5:34 y Hechos 22:3), que representaba el más alto nivel para las Facultades  Teológicas o Universidades de la época en los años 40 A.D. (Año del Señor) en toda Israel. Fue un gran organizador, un teólogo excelente, un predicador de profundidad y sabiduría y un judío receptivo.

Era el mejor expositor de la intelectualidad judía de sus tiempos, y acostumbrado a ver a las mujeres en su hogar atendiendo a su marido e hijos, cumpliendo con sus deberes caseros. Tal actitud era asunto social y cultural, no religioso, de hecho la historia religiosa de Israel muestra numerosas mujeres heroínas de la fe (María la Hna. De Aarón), profetizas( Débora).


Este pensamiento se refleja en algunos pasajes bíblicos, los cuales no deben tomarse ni interpretarse aisladamente. Además estos pasajes deben verse a la luz de lo que estaba sucediendo en las congregaciones de la iglesia primitiva para poder entender bien la razón por la cual Pablo, por ejemplo, reprendía a las mujeres que hablaban en la iglesia de Corinto, las cuales no tenían ministerio alguno solo eran mujeres recién convertidas, asi lo muestra la primera parte de las instrucciones  I Timoteo 2:12, donde  se refiere a las mujeres recién convertidas, quienes querían instruir a la asamblea cristiana con enseñanzas vanas.


Por otro lado se puede ver el gran cariño que Pablo tenía por las mujeres que conoció y que le ayudaron en su ministerio apostólico. Las llama por nombre propio y les reconoce su ministerio y les envía saludos en sus cartas. Las recuerda con afecto porque le ayudaron, lo apoyaron y colaboraron con él en su trabajo misionero para todos los asuntos importantes de la predicación y la transmisión del Mensaje de Dios. Veamos algunas de estas mujeres.


I. CLAUDIA


Una de las mujeres que Pablo menciona en sus epístolas es Claudia (2 Tim. 4:21) que vivía en Roma. Probablemente era parte de la casa del emperador Claudio, pariente o esclava. Puede haber sido la esposa de Pudente y la madre de Lino mencionada también en 2 Tim. 4:21. La familia de Claudia formaba parte de los amigos que ayudaban a Pablo mientras estaba preso en Roma.


II. CLOE


I Corintios 1:11 “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.”


 Se sabe que Cloé se convirtió en cristiana, y  los esclavos de esta mujer informaron a Pablo de las contiendas que había en Corinto. El que Pablo le haya hecho caso indica que la palabra y la persona de esta mujer tenían validez.  Esta mujer le estaba ayudando a Pablo a ver algunos de los problemas de la iglesia para que el apóstol pudiera dar alguna información.


III. DAMARIS


Una de las mujeres de las cuales poco se sabe es Damaris. Ella fue una de las personas que se convirtieron por la predicación de Pablo en Atenas. No se sabe por qué estaba esta mujer en el Aerópago escuchando a Pablo, ya que a ninguna mujer de buena familia se le permitía estar presente allí. La Biblia tampoco indica su posición social. Aunque no sabemos mucho de esta mujer, sin duda ayudó  mucho a Pablo en su predicacion con los griegos.


IV. EUNICE Y LOIDA


2 Timoteo 1:5 “... trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.”
Dos mujeres muy conocidas son Eunice y Loida. Eunice era una mujer judía casada con un gentil. Vivían en Listra. Tuvieron un hijo, Timoteo. Eunice y su madre Loida instruyeron a Timoteo en las Sagradas Escrituras. Es muy probable que Eunice se convirtió al cristianismo cuando Pablo visitó a Listra por primera vez.
Ya era cristiana Eunice cuando Pablo llegó a Listra por segunda vez. Estas mujeres ayudaron de forma excelente a Pablo y a Silas en su segundo viaje misionero. Pablo llegó a considerar a Timoteo como su hijo.


V. EVODIA Y SINTIQUE


Otras dos mujeres que combatieron juntamente con Pablo con el ministerio de Diacono (diaconisas) en el evangelio fueron Evodia y Síntique. Quizás estas dos mujeres estuvieron entre los primeros miembros de la congregación de Filipos. Ya que colaboraron con Pablo,   eran diaconisas muy activas en la predicación. Sin embargo, estas mujeres tuvieron un conflicto y San pablo les ruega que se pongan de acuerdo y tengan un mismo sentir en el Señor.


Filipenses 4:2-3 “Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor... pues ellas lucharon a mi lado en la predicación del mensaje de Dios..., sus nombres  ya están escritos en el Libro de la Vida”
 
 
VI. LIDIA


Pasando junto al río, Pablo encontró a algunas mujeres sentadas a la orilla haciendo oraciones. Entre aquellas mujeres estaba Lidia, vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira.


Hechos 16:14 “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.”


Pablo se sentó y les habló. Así Lidia se convirtió y fue bautizada junto con toda su familia. Aquella no era una situación comprometedora ya que todas eran mujeres y ella no estaba en una sinagoga. ¿Por qué se detuvo el apóstol entonces? No sabemos en realidad, pero sí sabemos que la iglesia en Filipos llegó a ser una de las más firmes y más generosas que Pablo fundó. No cabe duda que Lidia tuvo mucho que ver con el desarrollo y el crecimiento de la obra en ese lugar.
Lidia era una mujer de negocios y tenía experiencia en cómo organizar, manejar y dirigir los negocios en el mundo comercial. Estos dones seguramente le sirvieron para ayudar a la iglesia en Filipos.


Uno de los dones que Lidia ofreció a Pablo fue su hospitalidad. Inmediatamente después de que fue bautizada, Lidia invitó a Pablo y a sus compañeros a entrar a su casa y descansar. Igualmente, después de haber salido Pablo y Silas de la cárcel donde habían sido puestos presos por haber sanado a una muchacha que tenía espíritu de adivinación, pasaron a la casa de Lidia donde los hermanos los consolaron.


VII. MARIA


Romanos 16:6 “Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre vosotros.”
El nombre de María aparece casi al principio de la lista, y Pablo agrega una palabra después de su nombre diciendo: “la cual ha trabajado mucho entre vosotros.”. Tal parece que esta mujer de nombre María era alguien que Pablo amaba en el Señor y era una ministra de la palabra y de gran estimación dentro de la comunidad romana.


VIII. NINFAS


Ninfas es otra mujer que a su manera ayudó a Pablo. Esta mujer pertenecía a la pequeña comunidad cristiana en Laodicea. Ella había prestado su casa para ser el lugar de reunión de aquella iglesia. Posiblemente fue una diaconisa destacada.
Colosenses 4:15 “Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.”


IX. PERSIDA


Romanos 16:12 “Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.” 
Ella era una mujer que Pablo amaba y respetaba por haber trabajado mucho en el Señor. No sabemos la amplitud del ministerio diaconal de  Persida , Y  sabemos, por lo que dice el apóstol, que su obra fue de  gran bendición.


X. FEBE


Otra de las mujeres Diaconisas que ayudaron a Pablo fue Febe, ministro destacado de la iglesia en Cencrea, el puerto de Corinto.
Romanos 16:1 “Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la liglesia en Cencrea.”  Pablo recomienda a los hermanos en Roma que reciban a Febe “como es digno de los santos que la ayuden en lo que se le ofrezca ya que ella, no tan solo ha ayudado a muchos sino a Pablo mismo. (Ro. 16:2).


XI. PRISCILA


Quizás la mujer más conocida de las que ayudaron a Pablo fue Prisca o Priscila, la esposa de Aquila. Ella juntamente con su esposo fueron colaboradores de pablo. Habían vivido en Roma, pero habían sido expulsados con los demás judíos. Se fueron a vivir a Corinto donde conocieron al apóstol Pablo. El oficio de Priscila y Aquila era igual que el de Pablo: hacedores de tiendas (Hechos 18:3); trabajaron juntos, y juntos también establecieron la congregación de cristianos en aquella ciudad.

Más tarde Aquila y Priscila acompañaron a Pablo en su viaje a Efeso donde permanecieron mientras Pablo fue a Jerusalén. Priscila era una maestra excepcional, inteligente y sabia. Eneñaba el mensaje de Dios con gran maestria Era madura en su fe.
Fue en Efeso conde después de haber escuchado a Apolos, un “varón elocuente”, poderoso en las Escrituras (Hechos 18:24), Priscila y Aquila lo tomaron aparte y se enseñaron más exactamente el camino de Dios. (Hechos 18:26)


La iglesia en Efeso se reunía en la casa de Priscila. Parece que después del alboroto en Efeso ella y su esposo regresaron a Roma, pero nuevamente regresaron a Efeso.
De las seis citas bíblicas donde aparecen los nombres de Priscila y Aquila viene antes el de Aquila, cuatro veces, lo cual indica el lugar prominente que tenía Priscila para el ministerio de la palabra para Pablo.
 
XII. TRIFENA Y TRIFOSA


Otras dos mujeres que menciona Pablo en sus epístolas son Trifena y Trifosa. Ambas eran miembros de la comunidad cristiana en Roma y eran grandemente respetadas por su contribución a la obra del Señor. En Romanos 16:12 Pablo muestra su alto aprecio por ellas al saludarlas por su nombre.
Romanos 16:12 “Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.” 


En su epístola a los Romanos, Pablo menciona a otras mujeres más: Junias, la madre de Rufo, Julia y la hermana de Nereo. (Ro. 16:7, 13, 15), pero solo aparecen sus nombres y nada más. Alguna influencia y bendición muy especial recibió Pablo de todas ellas, hay que recordar que para Pablo en sus Epistolas al mencionar los nombres de los ministro era afirmando y legitimando su contribución en la Obra del señor.


Las mujeres en alguna u otra forma fueron parte de la vida del apóstol Pablo antes y después de su conversión a Cristo Jesús. Una de las principales indicaciones del lugar prominente de la mujer en la iglesia primitiva es el hecho de que Saulo (el nombre de Pablo antes de su conversión) había pedido permiso a la sinagoga en Damasco para llevar presos a Jerusalén todo hombre o mujeres que hubieran estado bajo el dominio de sus maridos; no hubiera sido necesario mencionar a las mujeres separadamente de  los hombres, mucho menos hubiera sido necesario perseguirlas. Con el hecho de hacer presos a los hombres hubiera sido suficiente. El libro de Hechos no 8:3; 92 y 22:4 nos informan que Saulo arrastraba tanto a hombres como a mujeres a la cárcel.


Vemos que había mujeres piadosas y decididas siervas del Señor en la magna obra apostólica de Pablo para la Predicacion y la Salvación de  las Almas que trabajaban con gran distinción, y muchas otras con toda solicitud escudriñaban cada día las Escrituras y aprendían de San Pablo para servir en las tareas apostolicas junto al Apostol. (Hechos 17:11).

Para San Pablo la mujer era su mejor colaboradora en  las tareas misioneras.


Consideraciones Históricas Pastorales de la Mujer en el Ministerio Cristiano


Debido al contexto sociológico de la época, la Iglesia primitiva no pudo, de forma inmediata, extraer las consecuencias que se derivaban del nuevo y revolucionario concepto de sacerdocio propuesto por Cristo. Pablo sabía que el bautismo de Cristo había suprimido en principo la distinción entre libres y esclavos (Gálatas 3, 38) y dedujo, como lógica conclusión, que los esclavos debían ser liberados (1 Corintios 7, 21-23). Sin embargo, el sistema social de la época, le llevó a aceptar la esclavitud como un mal necesario. De la misma forma, las ideas vigentes en su tiempo le imposibilitaron realizar en profundidad la igualdad en Cristo entre hombre y mujer en la que creía firmemente (Gálatas 3, 28). En este contexto, es extraordinariamente significativo que ya en tiempos de Pablo, las mujeres ejercieran funciones de ministerio en la Iglesia.


Así como las mujeres habían acompañado a Cristo en su ministerio (Luc 8, 1-4), también las mujeres participaron en la construcción de las primeras comunidades cristianas ¿Realizaron ellas tareas específicas?


El papel de las mujeres como “profetas”


El profeta, según el Nuevo Testamento, no es simplemente alguien inspirado; el o ella es alguien que realiza una misión en la comunidad. San Pablo situa al profeta entre el apóstol y el maestro: "Y así los puso Dios en la iglesia, primeramente los apóstoles; en segundo lugar los profetas; en tercer lugar los maestros; luego, los milagros..... ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros?....." (1 Corintios, 28-29). La Didajé (11-23) situa al profeta en estrecha conexión con el apóstol misionero.
Felipe el evangelista tenía cuatro hijas que "profetizaban" (Hechos 21, 9).
"Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza. Y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza" (1 Corintios 11, 4-5). La profecía realizada por una mujer, tiene aquí la misma consideración que la realizada por un hombre. La palabra tiene el mismo significado para los dos.
El profeta tiene una clara función en la asamblea litúrgica. "Dejad a los profetas dar gracias cuando quieran" [=podían expresarse libremente durante la Eucaristía]. (Didajé 10, 7).

El ministerio de las “viudas”


En el Nuevo Testamento, la palabra viuda puede designar distintos tipos de personas aunque relacionadas entre sí. Los Hechos de los Apóstoles (6, 1-2 ; 9, 39) nos informan que "viudas ancianas" eran atendidas por la comunidad. Se trata aquí de una simple cuestión de viudedad en el sentido ordinario del término. Pero ya en la carta a Tito, vemos a estas viudas jugando un papel particular en la comunidad: "Que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de su marido y de sus hijos" (Tito, 2, 3-4). Aquí la viudedad parece implicar una demanda de perfección y cierta clase de misión dirigida a las mujeres jóvenes de la comunidad. Esto se desarrolló más tarde en forma de apostolado organizado.
Orígenes compara la Febe de la carta a los Romanos con las viudas de la carta a Tito. (Comentarios a Romanos, 10, 17)
"Honra a las viudas, a las que son verdaderamente viudas..... La que de verdad es viuda y ha quedado enteramente sola, tiene puesta su esperanza en el Señor y persevera en sus plegarias y oraciones noche y día.... Que la viuda que sea inscrita en el catálogo de las viudas no tenga menos de sesenta años, que haya estado casada una sola vez, y tenga el testimonio de sus bellas obras: haber educado bien a los hijos, practicado la hospitalidad, lavado los pies de los santos, socorrido a los atribulados, y haberse ejercitado en toda clase de buenas obras". (1 Timoteo 5, 3-10). El punto interesante es la inscripción en un registro y las condiciones exigidas, puesto que muestran claramente que no se refiere a todas las viudas sino a algunas de ellas que constituyen una categoría especial dentro de la comunidad. Esta es la primera indicación que tenemos de un orden de viudas, semejante a los demás órdenes de la Iglesia.
Ignacio de Antioquía saluda a "las vírgenes y al orden de las viudas" (Filipenses § 15).
Aunque el “diaconado” en un sentido ámplio, existió desde el principio, resulta claro que durante el siglo segundo el “orden de las viudas” ejercía esta función de forma poco definida.


Mujeres Diaconisas


Desde los tiempos de los Apóstoles, en la Iglesia se han conocido las diaconisas. El clásico pasaje de la primera carta a Timoteo lo expresa claramente:


Los diáconos deben ser dignos... Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos.
Las mujeres igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo.


Los diáconos sean casados una sola vez" (1 Timoteo 3, 8-12).
"La palabra “diácono” es utilizada aquí en su sentido técnico. Parece claro que “las mujeres” en cuestión no son las esposas de los diáconos, puesto que su descripción es paralela a la de los diáconos. Debemos pues entender que se habla de "diaconisas". Esto indica un ministerio que forma parte de los ministerios ordenados". Jean Daniélou, The Ministry of Women in the Early Church, Faith Press, Leighton Buzzard 1974, p. 14.

 
Sin embargo, durante los primeros siglos, continuó la confusión terminológica y práctica. En el 517, el Sínodo de Epaon habla de “viudas que son llamadas diaconisas”. Tal vez se hace referencia a las diaconizas como “viudas y diaconisas”, aunque es probable que el papel de las dos haya sido distinto.

 
No es hasta el siglo tercero que la Iglesia clarifica la posición de las diaconisas con mayor precisión, posiblemente a causa de los problemas que tenía con las viudas poco organizadas. En laDidascalia (siglo tercero) y en las Constituciones Apostólicas (siglo cuarto) se definen los distintos papeles de las viudas y de las diaconisas. Los Concilios Ecuménicos, y los escritos de los Santos Padres de la Iglesia, que fijaron las condiciones para su ordenación sacramental y se elaboraron los rituales de ordenación.

En la Iglesia Bizantina el diaconado femenino se desarrolló durante los siglos octavo y noveno. Muchas mujeres diaconizas santas son veneradas en el calendario de la Iglesia Ortodoxa.
El declive del diaconado femenino ha sido atribuido a dos causas principales:


El miedo a la impureza ritual debido al periodo menstrual femenino; como Balsamon y Blastares.


El descenso de bautismos de adultos. Esto hizo disminuir la necesidad de la ayuda de mujeres diaconisas, tal como se menciona en algunos rituales Sirios antíguos.


Siempre ha habido mucha oposición a las mujeres diaconisas en las zonas de la iglesia  latina, como: Italia, Norte de Africa, la Galia. Las principales razones fueron:

(a) la influencia del derecho romano, según el cual la mujer no podía ocupar ningún puesto de autoridad , y

(b) el miedo a la impureza ritual.


Los Padres de la Iglesia y el Ministerio de la Mujer


Se destacan en los primeros cinco Siglos de la Iglesia Indivisa la opinión y enseñanza de la Padres acerca del Ministerio de la Mujer en el Diaconado (Diaconisas), todos ellos afirman la ordenación de mujeres a este ministerio, a saber:


Origenes
Juan Crisostomos
Constancio
Teodoreto de Ciro
Pelagio
Ambrosio


“Diaconisa de la Iglesia de Cencreas, todavía hay mujeres diaconisas que están en lugares del oriente y ejercen su ministerio de la palabra”, Pelagio.


“Febe nuestra hermana de Cencreas, este pasaje enseña con autoridad apostolica que también había mujeres al servicio de la iglesia…y que deben ser asumidas al ministerio”.Origenes


“ Ves que en Cristo Jesús no hay impedimento para ejercer el ministerio, pues en Cristo ya no hay varon ni hembra.” Juan Crisostomos.
 
 
 
Aspectos Espirituales de Sacerdocio de los Fieles y el Ministerio de la Mujer


1 Cor.. 6:19 “No saben ustedes que su cuerpo es templo de Espíritu Santo que Dios le ha dado, que el Espíritu Santo vive en ustedes”?
Ef. 4:3 “procurad mantenerse siempre unidos con ayuda del Espíritu Santo y por medio de la paz que ya los une”.
Ef. 5:22 “Ustedes deben renovarse en su mente y en su Espíritu, y revestirse de la misma naturaleza creada según la voluntad de Dios”.
Gal. “El que siembra la satisfacción del Espíritu, del Espíritu recogerá una cosecha de vida eterna”.
1 Pe. 2:9-10 “Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios”.
2 Pe. 2:5 “De esta manera Dios hará de ustedes, como piedras vivas, un templo espiritual, un sacerdocio santo que por medio de Jesucristo ofrezca sacrificios espirituales agradables a Dios”.


El sacerdocio de los fieles es ejercido plenamente por el ministerio de las Diaconisas, y está debidamente refrendado por los Cánones (Canon 7) de la Diócesis Anglicana del Caribe y la Nueva Granada.


En el occidente latino la odiosa y exagerada división entre laicos y clérigos que tomo un puesto de dirección a partir del siglo XI en la iglesia romana, distorsionó gravemente la doctrina del sacerdocio de los fieles, y casi asigno a los Presbíteros y Obispos el actuar del Espíritu Santo, sustrayendo así a los laicos su condición de pueblo consagrado y sacerdotal.
El restituir para la iglesia de occidente, la enseñanza de los Santos Padres y  la condición de la vida en el espíritu, el sacerdocio de los fieles y el Ministerio Diaconal (Diaconisa) de la mujer, es el reto y la tarea del catolicismo anglicano representado por esta jurisdicción.  


El Ministerio de la Mujer en la Diócesis


La  Diócesis Anglicana del Caribe y la Nueva Granada, presenta al cristianismo occidental en el siglo XXI, la respuesta efectiva para restituir plenamente el ministerio de la mujer, en concordancia con la orden del Apóstol y con el consenso de los Padres de la Iglesia, afirmado por los Concilios Ecuménicos, dentro de la visión de la Santa Iglesia Católica-Rito Occidental, sede de Inglaterra y Gales, como miembros de la Comunión Internacional de la Iglesia Anglicana, ACIC. Para tal efectos sus  Cánones lo incorporan e institucionaliza:


7.08  La Orden de la Diaconisas es un antiguo y reverente oficio para el Ministerio de la mujer, que como Laicos de vida consagrada son apartadas por el Obispo y con su Solemne Bendición son dedicadas  al servicio total de la Iglesia (Diakonia); es un estado de vida aprobada  por  las  Santas  Escrituras   (Romanos  16:1)   y reglamentados por la Iglesia en el Concilio de Nicea, Canon 19 y en el 'Concilio de Calcedonia Canon 15. Este Ministerio No Sacramental-Presbiteral de la mujer es conocido también como el "diaconado perpetuo femenino".
 
Las mujeres candidatas al Ministerio de la Diaconisas podrán ser casadas, con permiso especial del Obispo Ordinario. Las Diaconisas  recibirán entrenamiento  especifico en Liturgia, Teología, Sagrada Escritura e historia de la Iglesia.
 
a.)Funciones de las Diaconisas: asistir al Obispo y al Presbitero en el Oficio Divino,, ayudar en la celebración Eucarística, en las Lecturas  Litúrgicas ,presidir la celebración la Liturgia de la oración Matutina y Vespertina de acuerdo al L.O.C.. Evangelizar y Predicar a la niñez y la familia a la juventud y la asamblea femenina y en jornadas de retiro a los cristianos en general. En ausencia del Presbítero, bautizar con permiso del Obispo, Ayudar en la administración parroquial como vicaria de misiones y parroquias. Visitar a los enfermos y desvalidos con fines espirituales y pastorales, evangelizar con devociones católicas autorizadas por el Obispo, ayudar en las exequias y funerales , podrán ocupar cargos de Gobierno en la Diócesis
 
b.)De las Vestiduras Litúrgicas y Ministeriales de la Diaconisa. Las Diaconisas usaran alba, cíngulo y escapulario en todas las celebraciones litúrgicas, para el vestido de calle usaran modas que muestren el signo de la consagración y servicio a Cristo y a su Iglesia.   

 

 

 

La Orden de las Diaconizas

Por el Metropolitano, Su Gracia + Michael Matt Wright

 

 

El ministerio de las Diaconisas, tiene una larga data en la historia de la Iglesia. En La Carta a los Romanos 16:1, San Pablo menciona a Febes   a quien llama diacona. Este es el único lugar en la Biblia en que dicho título es aplicado directamente a una mujer, pero los Padres de la Iglesia  le dieron a este ministerio una lectura formal denominándola “orden de las diaconisas” en su  tiempo. 

Nosotros hemos heredado una cultura de la Iglesia que contrasta con el triple ministerio de varones ordenados como Obispos, Presbíteros  y Diáconos, separados del resto de los laicos, léase "Pueblo de Dios". Para ambos las Escrituras y los Padres de la Iglesia la ordenación de ministros designa también otros niveles de ministerio reconocidos por la Iglesia, tales como  “apóstoles” ,”profetas”, “los maestros”, “los que hacen milagros” ,” los que sanan “ ,“los que ayudan”,  “los que dirigen”, “los que hablan lenguas”,  y todo el espectro de la pastoral de Jesús (1Cor.12:24-31).

 

Para los Padres de la Iglesia, el Obispo es el que está asociado directamente con el sacramento de la Eucaristía, ya que  él es el verdadero ministro de este sacramento, y los presbíteros delegados por el Obispo lo dispensan y administran  y junto con los diáconos forman un ministerio especial de la supremacía de Cristo en su Cuerpo que es la Iglesia.

 

San pablo da instrucciones detalladas concernientes a cualificar los requisitos para los ministros hombres, tal como lo enumera en la 1ª Carta de Timoteo ,capitulo 3.1-7; también da instrucciones para el enrolamiento al ministerio de las mujeres y las viudas dedicadas a la oración que cuida pastoralmente a los  afligidos  y menesterosos y otras obras de caridad en la Iglesia.

 

Vemos que la Iglesia local se compone de variedad de ministerios, algunos requieren de designación oficial de ordenaciones y reconocimientos; otros son más informales y  espontáneos,  pero todos son  inspirados por el Espíritu Santo.

 

El ministerio de los diáconos y diaconisas  es por naturaleza el servicio, tanto en el altar como en la pastoral misionera (como su titulo de diakono implica), pero estos ministerios para el hombre y la mujer no son contrapartes en  el sistema sacramental de la iglesia. El diacono  varón   está asociado con la supremacía de Cristo que el Obispo representa y las mujeres diáconos, diaconisas , representan el ministerio de la caridad en el Cuerpo de Cristo,  en particular en sus funciones diaconales como la enseñanza , del cuidado de la mujer, de los niños ,  y la familia en la Iglesia.

 

En los siglos III y IV encontramos que el ministerio de las diaconisas, se expande grandemente y llega a tener un desarrollo formal para vida de la iglesia, confirmado por los rituales de ordenación de las mismas, esto porque la Iglesia recibe grandes masas de nuevos miembros femeninos y se hace necesario los roles y aplicación del ministerio de las diaconizas para la catequesis y cuidado de la mujer candidata al bautismo.

 

En los siguientes siglos el rol de las diaconisas empezó a declinar, debido a que la sociedad entera fue ampliamente cristianizada. Además, el crecimiento del movimiento monástico empezó a cambiar las necesidades y carácter de la Iglesia y el ministerio de la diaconisas, ya que ellas eran asignadas cada vez más para la función catequísticas de las comunidades femeninas.

Por varios siglos el ministerio de las diaconizas fue eclipsado para Occidente hasta que fue revivido en el siglo IXX , cuando fue creada una orden de diaconizas- enfermeras por el Reverendo Theodor  Flierner  en 1.837 de la iglesia Luterana Alemana; este reavivamiento estimulo grandemente en Occidente la restauración de la Orden de las Diaconisas.

 

Dentro de la Iglesia Anglicana en 1.871 se reavivo y se puso en vigencia el justo lugar que corresponde para el ministerio de  la Orden de la Diaconisas, y produciéndose en 1.880 los respectivos formularios canónicos para ordenar y consagrar a las diaconisas en resolución firmada por 19 Obispos, presididos por el Arzobispo de Canterbury de la época, en donde se estableció todo lo concerniente a: Principios  Generales, Reglas, Designación y Credenciales Ministeriales, y restauran así,  la relación directa de las diaconisas frente al Obispo. De esta manera los roles del ministerio de la mujer como diaconisa se convirtió en instrumento idóneo y canónico para las diócesis, parroquias y congregaciones.

 

El Occidente y Oriente ambas mitades de la cristiandad, ha tenido diferentes aproximamientos del rol de las diaconisas. En el Occidente el ministerio de las diaconizas  que fue alguna vez amplio y extenso, poco a poco languideció y dejo casi de existir desde el siglo VI en adelante. En el Oriente el rol de las diaconisas fue mucha más prominente y continuo, inclusive, hasta fines del siglo once, con un ritual de ordenación que incluía permiso para ayudar en la eucaristía y en la administración de la reserva del sacramento por parte de la diaconizas. Este fue un ministerio asignado a las diaconizas desde el final de la edad  apostólica en  primer siglo de Iglesia. Sólo al final del primer milenio la consagración y administración del sacramento fue asociada con la supremacía de los ministros varones ordenados.

 

Con el reavivamiento del ministerio de las diaconizas, algunas de la restricciones fueron levantadas para el ministerio de la mujer, es así como en la Iglesia Romana se expandió el ministerio de la mujer incluyendo por ejemplo la designación de laicos con licencia del Obispo para la administración del sacramento de la eucaristía. Generalmente, en la moderna  sociedad occidental las antiguas restricciones sociales a la mujer, fueron cambiadas radicalmente, aun cuando  subsisten evidentemente en la cultura religiosa del Islam.

 

En suma, el ministerio de la caridad, asignando a las diaconisas tiene siempre más  flexibilidad,adaptación y variabilidad, que la estrecha definición de “supremacía” del rol del triple ministerio de los ministros ordenados varones, aún así, dada la similitud del título las diaconisas no son el equivalente femenino de los diáconos ordenados, ya que estos apuntan a la supremacía de Cristo en el Altar que representa el Obispo y ellas al servicio de la Caridad de Cristo en su Cuerpo Sacramental que es la Iglesia (1Cor 13:13), bajo la dirección del Obispo.

 

Vetiduras Litúrgicas

 

La Diaconiza lleva sobre el Alba un escapulario y sobre su cabeza un velo.

 

En primer plano al traje de calle que debe llevar una Diaconiza y en segundo lugar las vestiduras para usar dentro de una celebración litúrgica, que corresponden a un Alba, Cingulo, Escapulario y Velo.  

     

Podemos observar el diseño del cuello que es diferente al de los Presbiteros cuyo estilo es "Clergyman" es decir de "Clérigo" u Hombre Ecleciástico, los puños de las mangas en la blusa y además la forma que ciñe la cintura con esta clase de correa y hebilla. Las Diáconizas participan del sacerdocio de los fieles, como Mujeres Consagradas al Señor a perpetuidad, al Servicio de la Iglesia.

Para una mejor orientación sobre este tema nos remitimos a los cánones y Constituciones de la Iglesia sobre La Orden de Las Diaconizas, veamos:

7.08 La Orden de la Diaconizas es un antiguo y reverente oficio para el Ministerio de la mujer, que como Laicos son apartadas por el Obispo y con su Solemne Bendición son dedicadas al servicio total de la Iglesia (Diakonia); es un estado de vida aprobada por las Santas Escrituras (Romanos 16:1) y reglamentados por la Iglesia en el Concilio de Nicea, Canon 19 y en el 'Concilio de Calcedonia Canon 15. Este Ministerio No Sacramental de la mujer es conocido también como el "diaconado perpetuo femenino".

Las mujeres candidatas al Ministerio de la Diaconizas podrán ser casadas, con permiso especial del Obispo Ordinario. Las Diaconizas recibirán entrenamiento especifico en Liturgia, Teología, Sagrada Escritura e historia de la Iglesia.

a). Funciones de la diaconizas: Asistir al Obispo y/o al Sacerdote en el Oficio Divino, ayudar en la celebración de la Santa Eucaristía, las lecturas Liturgicas, la administración de la Santa Comunión, presidir la celebración de la liturgia del Oficio Matutino y Vespertino conforme al Libro de Oración Común Evangelizar y predicar a la niñez, a la juventud y a la familia. Y en ausencia del sacerdote o diácono, bautizar en momentos de emergencia con permiso del Obispo. También ayudar en la administración temporal de la iglesia para la Gloria de Dios, y la visitación de los enfermos con fines espirituales y pastorales, y la Evangelización con todas las devociones católicas autorizadas por el Obispo Ordinario y ayudar en la celebración de exequias y funerales.

b). De las vestiduras Litúrgicas de las Diaconizas: Las diaconizas usarán el alba y el escapulario para todas las celebraciones litúrgicas, y para el vestido de calle usarán modas decorosas que muestren el signo de la consagración y servicio a Cristo en la Iglesia.